domingo

Nick Cave & the Bad Seeds - The boatman's call

Mute Records - 1997


Si alguien empezara a escuchar la obra de Nick Cave por su décimo álbum podría quedarse con una impresión equivocada del músico y cantante australiano. Y es que The boatman's call, si bien no se escapa de las generales de la creación del hombre de voz de caverna (haciendo honor a su apellido, precisamente), es un paisaje de baladas que rozan lo amoroso con el mismo tacto que se aproximan a lo erótico, a la pérdida, a lo desesperado, al porvenir. Si alguien comenzara a escuchar a Cave a partir de aquí, tendría una visión fragmentada, imprecisa y acotada: no es posible vislumbrar qué hubo antes de este maravilloso discurrir por los vericuetos sentimentales, sobre qué bases está apoyado, cuál es el camino que lo antecede. Por el contrario, quien llega a este disco después de haber escuchado a Cave con anterioridad, le agradece que su característica oscuridad y su no negociable caracter maldito hayan estado al servicio de canciones tan inolvidables como los frustrados amores que las engendraron.

lunes

The Beatles

Apple Records - 1968


¿Cómo llamar a un álbum que no tiene nombre? ¿Cómo nombrar un disco que no puede ser resumido en un nombre? El álbum blanco es la cúspide en la trayectoria creativa de The Beatles. Es un álbum panorámico, que atraviesa -y es atravesado por- una diversidad sonora incapaz de ser contenida en un sólo disco: una obra monumental, una master piece tallada con el diamante de la ruptura: es el surco delgado, el delineado del corte final; ese que se hace brecha en Let it be y abismo insalvable en Abbey Road. Es un álbum fragmentario, escindido, el giro definitivo hacia el final. Es un álbum de anticipo, la puntada inicial de los siguientes veinte años de la música moderna contemporánea, el ADN fundacional. Es decir, es la síntesis del camino que los fabulosos cuatro comenzaran en plena adolescencia. Es la miríada que produce un cristal esquirlado, las voces de cada uno de The Beatles componiendo -en secuencia metonímica- un gran collage que se convierte en un complejo vitreaux coral. Si hubiera que enviar al espacio un disco, como una botella al mar, que represente una época, sin duda este es el que se llevaría la mayoría de los méritos. Aún a pesar de ese bochorno musical llamado Ob-La-Di, Ob-La-Da, el peor tema musical de la historia del pop: quizás una mente superior lo entienda como un ejemplo de lo que puede producir el mal uso del genio musical.





martes

The Funk Brothers - Standing in the Shadows of Motown

Virgin - 2003


The Funk Brothers fue, desde 1959 hasta 1972, la in house band, la banda de músicos sesionistas del prestigioso sello de la música soul Motown. La banda se desarmó cuando el sello se mudó de ciudad; retiro que se extendió por algo más de 30 años, hasta la realización, en 2003 , del documental fílmico Standing in the Shadows of Motown (un significativo/irónico nombre: Parados en las Sombras de Motown: sesionistas, segundo plano necesario, soporte estoico de las verdaderas estrellas). La banda se sonido cuenta con las participaciones de Ben Harper, Chaka Khan, Me'Shell NdegéOcello y Bootsy Collins, entre otros. La lista de tracks no trae mayores sorpresas y, obviamente, repite entre sus compositores al inoxidable Marvin Gaye, viejo amigo de la casa. Es un disco en el que se respira el deleite con el que fue realizado, la satisfacción por el reencuentro. Sin embargo, uno no puede dejar de pensar que se trata de algo así como el Buena Vista Social Club del soul: un gusto para esos magníficos viejos que se olvidará con el paso del tiempo.


miércoles

Cassandra Wilson - Jumpworld

JMT - 1989


Cuarto disco de C. W. antes de que saltar a la fama de la mano del famosísimo sello de jazz, Blue Notes. En esos momentos, ya ponía al servicio del oído ajeno el sonido claro, filoso, cálido, calmo -y evidentemente ciclotímico y contradictorio- de su voz; una dicción perfecta. Jumpworld es un paseo por el gusto musical de esta dama a fines de los '80; por los vericuetos de la búsqueda de una producción con el sello indiscutible de su buen gusto; por el asomo insistente y fresco del jazz; por la experimentación de un sonido clásico y potente, más cercano al soul. Una banda sólida y un repertorio sobrio y atractivo -aunque por momentos ecléctico- completan este delicioso postre.


jueves

Michel Camilo - One more once

Columbia - 1994

Escuchar a Michel Camilo tocar su piano es un placer de los que uno disfruta toda la vida. El camino musical del dominicano ha tenido tres desafíos:

1. ser un músico culto: de una formación tan rigurosa que le ha permitido trabajar como director invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Orquesta Filarmónica de Londres, entre otras sinfónicas y filarmónicas;

2. ser un músico popular: no sólo sus discos han tenido un gran éxito de ventas sino que, también, ha sido reconocido con los grandes premios del mercado (que no siempre tolera a La Academia...), entre ellos el Grammy (1983 por Why Not! y 2000 por Spain, junto a Tomatito), el Emmy (1987 por The Goodwill Games Theme), el Oscar (1995 por el soundtrack de Two much de Fernando Trueba); y

3. hacer del latin jazz una música con entidad de tal: como en toda fusión, lo que destaca es, como en este caso, lo que hace uso de sus componentes diversos como herramienta para provocar una novedad y no una mezcla, una argamasa fofa; cosa a la que es muy proclive la llamada música latina -que no es más que una espesa confusión de lo latino con lo caribeño.

Michel Camilo no solamente ha salido airoso -y con margen- de los tres desafíos. Los ha convertido en el material con el que construye su música. y One more once es una prueba fiel de ello.