jueves

Sade - Stronger than pride

Sony - 1988


Pienso en los orígenes de la música. Pienso en el intelecto -en el lenguaje- interpretando lo agradable que puede esconder el choque de dos piedras, la rama en el tronco hueco, el viento en las cañas sesgadas. A eso me remite la voz de Sade, a ese proceso de intelectualización en el que el sonido (partiendo del ruido) troca en música. La dama sobrevuela en esa delgada línea y no inlcuye en ningún momento, nada que se aparte de un camino armonioso, suave e incluso bailable. Porque la música también es eso. Y el disparador de momentos de reflexión y escucha activa tanto como de compañía agradable. Stronger than pride es un camino llano, un paisaje con distintos tonos que nos envuelve con melancolía, júbilo y unas enormes ganas de escucharlo otra vez.


lunes

BangBang - Je t'aime Je t'aime

Yellow Productions - 1999


Nada que ocultar: todo muy moderno, todo muy cool. La gráfica del disco recuerda a los hombres-bala de los circos, aquellos que salían despedidos al cielo por medio de un cañon. BengBang parece ser uno de esos grupos que aparecen en el firmamento con un vuelo efímero. Imposible dejar de pensar en The In Sound from Way Out! de los Beasty Boys o en cualquier disco de sus congéneres y coterráneos París Saint-Germain. Demostrando, como si hiciera falta, que los franceses se han apoderado de uno de los sonidos más significativos de sus vecinos británicos: el pop.


Angelique Kidjo - Keep on moving (The best of...)

Sony - 2001


Al contrario de los discos en vivo, las recopilaciones siempre tuvieron un atractivo particular para mí. Supongo que era porque tenía los álbumes rojo y azul de The Beatles (que a su vez eran una colorida extensión del verdadero doble de los 4 fantásticos: el álbum blanco) que resultaron ser el summum de las recopilaciones. En este caso, el resultado de la excursión de la africana Kidjo por la fusión de la música de su Benín natal con el pop occidental es un poroto de "Los grandes éxitos de...". El criterio no parece ser otro que el paneo necesario, el gran plano secuencia por la obra de una mujer de una voz maravillosa que encastra a la perfección con la sutileza de una música que en varios momentos hacen que los pies sigan el ritmo de la música, una inyeeción de ganas de bailar. Como un pez que nada contra la corriente, no sale a exponerse en la débil categoría de la world music para asuzar, con beats negros, a los blancos muchachos occidentales.


Sinead O'Connor - Throw down your arms

That's why there's chocolate and vanilla - 2005



La primer palabra que se me ocurrió para calificar a la vuelta al ruedo de la irlandesa O'Connor fue respeto. Sorprendido por la existencia de este álbum de clásicos del reggae interpretados por esta bella europea blanca, y con la expectativa que me genera la voz de esta dama, me dediqué a navegar por los sonidos claros, precisos y sin mayores ornamentos de Throw down your arms. Sinéad O'Connor se mantiene apegada al sonido original de las canciones que interpreta, dejando traslucir, incluso, el hecho inexorable de ser una voz extranjera para estos menesteres de la música caribeña tan emparentada, en nuestro imaginario argentino, con la religión rastafari, Bob Marley y la más mística marihuana. La irlandesa no sólo sale airosa de su excursión religiosa traducida en música, sino que reafirma la vieja fantasía de que es posible el abordaje de una expresión ya no tan ajena como el reggae pero si tan ancestral como los temas elegidos.


Prince - 3121

Umvd Labels - 2006


En alguna época hubo una pseudo batalla por el reinado del pop entre dos grandes músicos negros: Prince y Miguelito Jackson. Como buen desubicado estético (criado a fuerza de mezclar The Beatles con Los del Suquía con Little Richard con Para bailar en jeans - Volumen 4 con Black Sabbath con Nino Bravo con...) hinchaba por el ahora cuasi blanco muchacho del sombrero negro y la caminata lunar. De Prince me desagradaba su andar de petiso fanfarrón, su ropa estridente, su cuidado extremo por parecer lo que estaba seguro de ser: un verdadero genio. Lo primero que me dio vuelta la cabeza fue su monumental Sign'O'Times. Y le siguieron otros anteriores y otros posteriores hasta que se le dio por ser resumir su nombre (con lo que ello implica) en un simbolito y hacerse llamar El Artista. De ahí en más, el gatillo de mi prejuicio se disparó -una vez más- para quitarle lugar al morocho fanfarrón de Minneapolis.

3121, es un puente entre aquel Prince espumoso (en el sentido más champagne del término), brillante (en el amplio sentido de estrella) y canchero que parece haber dejado que la música negra deviniera para, una vez más, reaparecer y decir: "Esto ya fue tocado alguna vez por mí... Y si es nuevo, puedo hacerlo mejor". Sonido urbano, sonido pop, funk a rabiar y Maceo Parker como músico invitado completan una obra que suena compacta, renovada/renovadora, fantástica de comienzo a fin. Pero siendo que nada es perfecto, los abusos de El Artista hacen que se haya incluido en el álbum el tema Te amo, corazón donde Prince pierde por goleada con el bolero. Nada que saltearlo en la escucha no pueda solucionar, ¡voto a Manzanero!